Desmochar castillos y despedregar espacios



Artículo para el diario ORAIN. 6 de febrero de 2018
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Homenaje a quienes voluntariamente o en castigo despedregan en los Castillos de Navarra

Desmochar castillos y despedregar espacios

Los Castillos de Navarra son seguramente los testigos más eternos con los que la historia ha hecho su descripción física de la realidad en el tiempo. Tenemos la fortuna de tener construcciones que albergan cimientos de más de 2000 años y en sus piedras se descubre buena parte del detalle histórico. Y de esto no tendríamos mucha idea si no fuera por el trabajo de muchas personas que acercan el conocimiento de estas fuentes de forma arqueológica o bibliográfica, voluntariamente o a modo de castigo. A todas ellas; gracias. Dos veces Gracias y con mayúsculas.

Es preciso traer a la palestra esas inquietudes y sobre todo su mensaje: por qué llega una piedra a formar parte de una fortaleza en la geografía y cómo llega otra vez al suelo cuando había estado en una fortaleza. Porque no ha sido lo mismo para la ciencia que esa piedra esté en un edificio, en un cimiento antiquísimo o que lo esté entre cientos de piedras, miles, esparcidas sobre un terreno. Máxime cuando no es igual formar una torre que un muro.

Es evidente que no fueron lo mismo todas las piedras, ni todos los viarios, ni todas las fortificaciones. Tampoco todos los terrenos guardan restos ni todas las geografías han llegado de la misma manera a nuestros días. Para dejar de lado definiciones geológicas de tipos de terreno o de piedra es básico titular que Roma pintaba sus edificios de rojo, el mítico rojo romano. Desde la torrecilla que aparece en la curva de cualquier viae hasta las postas del correo. Todo edificio oficial aparece en rojo (con filas rojas de ladrillo y con grandes paredes rojas para ser más exactos). Las calzadas en ese momento eran básicamente una serie de rectas enlazadas mediante curvas, y esas curvas estaban señalizadas al borde del recorrido, y a la vez aparecían otras construcciones en las montañas-guía de las sendas naturales ancestrales. Éstas tenían ciertas peculiaridades dignas de traer al frente para con Navarra.

Hubo varios tipos de construcciones que preceden a la etiqueta de “castillo”

Las torrecillas que aparecían en una curva o bifurcación de la calzada fueron construcciones de uno o dos pisos que guiaban el camino como pequeños faros de luz en la vía. Formaban parte de un sistema de guía ancestral terrestre que era primo hermano del cabotaje de una nave sobre el agua. Personalmente creo que muchas de estas torrecillas fueron de madera en más de un zonal y que no todas pudieron ser de piedra en lugares montañosos o de fácil acceso a madera, pero para estos artículos seguimos siempre las migas bibliográficas, en este caso de la propia regla romana o régimen jurídico.

Sobre las torrecillas es necesario ampliar que no sólo las había rigurosamente en cada curva de la calzada o en mitad de una recta enorme, también hubo otras poco más grandes que sirvieron para orientar a través del horizonte de montes y colinas. Alrededor del trazado y en cada punta estratégica fue esculpido un torreón de dos, tres, y hasta cuatro pisos. No sin antes irlos pintando de rojo, claro. A fin de cuentas es el color que mejor se ve a distancia en días de lluvia, nubes, nieve o niebla.

Las viejas cimentaciones de estos torreones las podemos encontrar entre las laderas cercanas a un viae si no han sido esquilmadas por la labor agrícola industrial o, como bien sabemos hoy, por la misma Conquista de Navarra. Estas torrecillas y torreones los asimila como propios del viae el régimen jurídico de las vías romanas junto a las postas, mansio o las mutatio, y se diferencian dos tipos: la torrecilla dentro del recorrido y el fuerte estratégico anexo. A este tipo de fuertes pertenecen los orígenes de castillos muy conocidos hoy en día, como Irulegui, Amaiur u Orarregui.

En su momento inicial fueron amplios torreones estratégicos a los que se les fueron añadiendo servicios, con ello familias y con ellas un conjunto de población a su vera. Estos añadidos de población en el fuerte son la estricta etimología de la palabra castellum: un bastión, un fuerte, una ciudadela, que crece demográficamente y adquiere para hoy la significación de castillo. Pero la palabra castellum está asociada a “castillo” sin ser exactamente tal etimología, y señalamos de forma inconsciente a “castillo” como esa construcción fuerte.

Realmente castellum tiene varias significaciones como palabra ya que su raíz etimológica se encontraba en el inicio de la bifurcación entre lenguas conceptuales y nominales, así que “castillo” no fue solo lo que vemos en las películas y su definición comprende varios conceptos además de los de “vivienda en un alto” o “torre”. “Castellum” mencionaba a los edificios municipales de una ciudad como castellum aquae si eran de administración y distribución del agua, castella communit para las torrecillas de los muros del poblado, o la castella facta de guarda y correo. Castella significa “asentamiento” y en la definición integral de “castillo” castellum es más bien un edificio civil, no tanto un edificio militar. Y discúlpenme las filologías e historias por tantas generalizaciones, si, hay torrecillas en los muros y en el viae, pero eso correspondía a un régimen jurídico que hoy llamamos público, de la vía, no al militar estrictamente. Para ese tipo de lugares estaba la palabra castra.

Castra fue un campamento militar permanente o temporal, que podía ser en ese caso castra aestativa o castra hiberna según fuera para verano o invierno. Tenía torres fortificadas y muros que debían albergar alguna centuria. Y suponiendo que cada centuria son diez contubernios de 8 personas cada uno, con toda su parafernalia, es lógico señalar que son muchas personas en un mismo lugar. Más para aquel tiempo de demografía escasa y dispersa. Además de éstas, dentro de las características de una castra también diferenciaban entre castra nautica si protegía una zona de agua o castra navalia si lo que hacía era proteger una zona geográfica terrestre. A esta navalia se le ve una evidente raíz nava que ayuda a completar el concepto “navarra” y “nava” .

El castillo de Castejón fue importantísimo en el mapa europeo

Una piedra en el particular y excepcional lugar de Castejón explica a la perfección muchos interrogantes de la historia antigua de Navarra y es necesario que tenga por fin un hueco. En la toponimia de Castejón aparece un castelón y un giraldilla que proyectan el caso excepcional de su presencia en la península y en Europa. Es un montículo encima del Ebro a su paso por Castejón, complicado asegurar en qué momento se erigió como lugar estratégico de Europa, y eso ocurre porque tiene en sus raíces restos anteriores a época romana a la vez que siempre estuvo donde está.

No se puede mover para ver debajo. Es el desagüe y conjunción de los ríos Alhama, Aragón, Arga, Ega y sobre un río Ebro que entonces era grandísimo. Es
te montículo, geológicamente, no estaba ahí. Ahora bien, es fácil intuir que su situación siempre lo dejó en un centro geográfico con la Bárdena y Contrebia Leucade. El paso más corto al plano peninsular del Duero y su Numancia. Y aún queda sumar que junto a la giraldilla del Ebro estuvo el altar de una importante deidad de la antigüedad, una red viaria reconocidamente comercial y un buen número de “ciudades” próximas (en esa época no se vivía mayoritariamente en núcleos).

Debido a ciertas imposibilidades a la hora de llegar al pasado anterior a Roma solo se pueden atender los restos que dejó tras su decadencia. Pero hubo de haber algo antes del castelón. No sólo por los rastros del derredor sino porque conectó visualmente con Elo, la gran montaña estratégica de los pampilonenses, la Higa de Monreal. También veía tierras de Álava y zonas del norte peninsular si se añade la línea de torrecillas que existió en los Montes del Cierzo, por ejemplo.

Una línea que ejercía de mecanismo viario de señalización pero también de vigilancia, con lo que todo el complejo de torrecillas en las lindes del castelón estaba supeditado a él, oteado todo en la vía, como dice la jurisdicción. Fue toda una obra técnica de la vía y su circunstancia estratégica hizo que protagonizara muchísimas situaciones históricas. Es Elo en el Ebro. Es Elón de Elo en castelón.

Castejón fue una de las pocas torres tan altas en ese tiempo, un rascacielos de la antigüedad con bandas rojas, o en rojo entero, pero culminado con un gran faro, la giraldilla, sobre un amplio patio. Con una gran planicie a su lado suroeste perfecta para el avituallamiento de los carros, legiones y demás personas del viae ab Asturica Tarraco, la vía del Ebro en su parte peninsular. Importantísima en la antigüedad. De Italia in Hispanias ni más ni menos. Ya fuera por el paso militar, comercial o el paso al altar del agua de Cibeles, el plano suroeste del castelón guardó un importante punto turístico de la época, Araciel. En su lado noreste, al otro lado del gran río Ebro, estuvieron las tres torrecillas de las cabezas altas en Valtierra. Así conformaban la señal de la vía de Contrebia al Ebro, en el desciegue de los ríos Arga y Aragón.

Como en toda la hidrografía general este Ebro era más un río-lago que éste resto que encontramos hoy. Fue navegable en amplia medida y también estuvo salpicado de decenas de elementos estructurales como los de las vías y sus torrecillas, aunque eran para el cabotaje fluvial. Ambos cabotajes, vial y fluvial, tienen un común en esas zonas de paso entre un valle y otro, entre el Ebro norte y el medio, el topónimo cadena.

En el presente heredamos unos Castillos de Navarra que son el producto de siglos de dinamismo cultural. Aparecen en muchos documentos y de forma muy particular en los que se desprenden de la bibliografía de la Conquista de Navarra. Las leyes del cardenal Cisneros. En ellas únicamente aparecen las fortalezas singulares, las de la fantaxia navarra que decía el coronel Villalba, pero es imperativo subrayar que no fueron todas las que están. Hubo castras, castellum, aras y arx.

El castelón de Castejón es un ejemplo vivo de lo que ésta reflexión quiere traer a la mesa, una metáfora de un hecho cierto y geográfico y estratégico y comercial y antiguo o reciente. Un hecho humano que ha pasado desapercibido o directamente mal leído. Intencionadamente o no. Castelón es testigo de esta particular rama de la amnesia.


El problema generacional



Artículo para el diario virtual ORAIN . 19 enero 2018.
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A cerca de la problemática generacional que vamos a padecer en el siglo XXI


El problema generacional

“El sudor y las lágrimas que provocaron la conquista de estos derechos” y “los jóvenes siguen pasivos sin hacer nada” son dos de las afirmaciones más transversales en el análisis sociopolítico actual. Y también las de más amplio recorrido para una reflexión. Con ellas se trata de llamar la atención de la joven generación en un texto o en un comentario, aunque parece una práctica contraproducente si pensamos de forma racional qué significan esas afirmaciones y qué es lo que traen al frente.

No es de recibo hablar de una conquista de derechos que no fue tal, o al menos no a día de hoy. A lo largo de estos últimos diez, cinco años hemos visto caer casi la totalidad de las caretas de las personas e instituciones que lideraban nuestra humanidad con esa forma paternalista de dar facilidades para vivir en un engaño. Que no derechos para vivir en una sociedad. Un engaño histórico éste del engaño económico, éste del engaño de la clase media, o éste del engaño climático. Un engaño generacional. Se conquistaron derechos en base a instituciones y circunstancias que hoy se demuestran una gran mentira envuelta en hermosa esperanza y disfrazada de progreso. Todo guarecido en un recipiente democrático al que está demostrado que se le pueden hacer muescas y agujeros a conveniencia, sin importar demasiado en qué medida son apoyados o no por la mayoría. Tanto fue así que durante veinte, treinta años desde los 60, toda una generación de personas creyó poder seguir diseñando el futuro humano sin contemplar a la generación que viene, tal como se dolieron en su día de los fascismos. En ese diseño se impusieron reconversiones ayer e infraestructuras inservibles hoy, inutilizables para la inmensa mayoría de la población, como el tren caro, el TAV, porque el barato ya estaba y se dejó envejecer. El ejemplo perfecto. Vender a toda una generación de la zona de Tudela (por ejemplo) que se les va a abrir un ciento de posibilidades con el puerto ferroviario de un tren que no van a utilizar. Un puerto al que irán a trabajar para alimentar un tren de vida, una clase social y un empresariado del que luego sufren y sufrirán sus consecuencias. Es la serpiente que se muerde la cola perpetuándose en pleno siglo XXI de la misma manera que si estuviera en los años 70 y 80 de la entradilla a Europa. Cero análisis crítico. Cero propuestas de enmienda y mejora. Al revés. Se habla de derechos conquistados en unas circunstancias que se demuestran agresivas para la inmensa mayoría. Y suena contradictorio. La conquista se demuestra que no fue tal a día de hoy, más bien fue una especie de préstamo, una colonización temporal de algún tipo de facilidad para vivir en aquella sociedad que se planteaba. ¡Pardiez, todas las familias reproduciéndose y formando un babyboom y aún a día de hoy no hay un pacto generacional para la incorporación de “los jóvenes” a la sociedad! Tan solo se pactó una flamante reconversión en los 80, en los 2000 poner primero la deuda antes que la necesidad social, y ahora dicen abrir el mercado laboral obligatorio hasta los 70 años. Todo un ejercicio de patriarcalismo de la misma generación que creció harta de él y su imposición. Es casi irónico.

No es de recibo mirar a “los jóvenes” como esa última esperanza negra del clonacepán y circo, eso desprende cierta adicción al engaño y a la dinámica conformista del engaño. Debiéramos situarnos por fin en la tesitura social de elegir como humanidad que somos y que convive bajo unas instituciones y unas reglas, elegir entre poner la historia sobre la mesa o seguir en esta prostitución de sociedad. Hasta hoy se ha convivido vendiendo o callando la reflexión y la crítica por un puñado de derechos (hay notables pruebas de ello) así que, ¿hasta qué punto esto es una democracia? ¿Existe la libertad de pensamiento? Conseguir derechos nunca fue producto del conformismo, más bien al contrario, es el resultado de la acción valiente y decidida a consecuencia de una crítica humana concreta. Desde la abolición de la esclavitud hasta el propio despotismo ilustrado pasaron por una acción crítica. Hoy se llama a “los jóvenes” a traer esa acción, a “los jóvenes” que abren un libro escolar con el subconsciente diciéndole que eso que lea y aprenda tal vez sea una auténtica patraña. Hasta ahí hemos llegado. Una generación que no confía en la palabra ni el hecho de la anterior por demostrarse trasnochada, vieja, rancia. ¡Y para colmo no se ve nevar como antes! Aunque eso sí, se negaba el cambio de clima hasta casi hoy mismo. Carajo, ¡se negaba el peak oil hasta hace pocos meses! Casi el 100 % de quienes se quedarán en el planeta (cuando el colapso empieza) tiene en el subconsciente que esto va a ocurrir y aún así se sigue reclamando la acción de “los jóvenes” como si fuera un flotador al que aferrarse por pura adicción a lo que precisamente ha traído hasta aquí: conformismo. A flote. Es mejor tomarlo de forma irónica.

No es de recibo achacar una etiqueta de pasividad a “los jóvenes” cuando desde el mismo día en que se les recibió en el mundo de la sociedad, en la convivencia fuera de la casa, con el compromiso de ser ciudadanos de una sociedad civilizada, ven la responsabilidad de una radio o una tele contradiciendo lo que el libro de la escuela decía que era la responsabilidad. Y luego hay que leer más, claro. Y que por qué no se leen libros – añadiría que los de antes – y se está todo el día con un móvil. Es irónico también: puede que sea porque es el medio natural generacional, inaccesible para la mayoría de esa generación que aún traslada maneras y pseudovalores en la calle e instituciones. Dicho de forma radical, pareciera que hay una generación esperando a algo en la otra, algo muy serio de imaginar, lo más serio de la humanidad. No tiene ninguna gracia ¿verdad? La humanidad ha llegado a este punto y sin embargo se perpetúa esa etiqueta de pasividad acoplándosela a una generación que vive y vivirá deudas de otra anterior, pero que sigue sometida a normas caducas y objetivamente nefastas para el futuro decreciente. Y no solo económicas, aún hay quien para acercarse por fin el colapso del petróleo defiende que seguirá utilizando la vieja movilidad automovilística con el comodín del descubrimiento del plástico sin petróleo. ¡Eso sí que trae de nuevo a la dama ironía! Seguir en la dinámica industrial es un error magno cuando hemos entrado en una era geológica nueva, el antropoceno, la era que empieza en 1950 porque somos los causantes de más de un tercio de los terremotos y temblores de la tierra. De ahí el nombre antropoceno, la era de la geología del hombre. ¡Hasta se ha conseguido mover el eje de rotación de la Tierra, amigos! La vieja generación, vestida del mismo paternalismo que criticó en su juventud, tildaba de locura y hasta despedía de sus trabajos a quienes estudiaron y describieron lo que hoy es son realidades científicas y demostrables. Ahora el propósito de enmienda va acompañado por equipos de lavado de cara y de introducción en el mundo nuevo que se crea. A esa táctica le pusieron un nombre de estrategia en el marketing que no es digna de ser perpetuada. Siempre se utilizaron etiquetas para simplificar y desprender el valor auténtico de la naturaleza de una definición, de un concepto: irresponsabilidad. Geológica, climática, social y política también. Con salsa de obviedad y un ápice de autocomplacencia. Adicción tal vez. Las famosas necesidades creadas y las obsolescencias programadas.

No es de recibo pedir a “los jóvenes” de hoy lo que en su día, con otros miedos pero con incomparables mejores esperanzas, no se hizo, del verbo hacer. Es necesario llegar a ese punto de la reflexión cuanto antes. Y es imperativo empezar la autocrítica por ambas partes, por quien hizo sin querer queriendo y por quien sufrirá las consecuencias con o sin desearlo. Con o sin esa excepcional preparación. Por el lado viejo no se observa hasta hoy (que comienza a llegar la generación nueva) un rastro de solidaridad humana para con quien tendrá que quedarse con el desaguisado. No hay cambios. Todas las generaciones siguientes empezarán a vivir sobre el planeta de una forma completamente diferente a la que hoy atisbamos porque es la primera vez que se hará sobre un espacio peor de lo que fue en todos los siglos anteriores. Es triste. La primera generación que recibe un planeta peor del que recibió de su ascendencia. Es lamentable. Volver a fijar los ojos en la naturaleza mientras se soporta todo un problema generacional heredado traerá consecuencias que a priori son impredecibles pero de las que sí hay una que a ciencia cierta se cumplirá: volver al cosmomorfismo para dejar el antropomorfismo. Volver a pensar en el todo en lugar de seguir pensando solo en el ser humano. Es metafórico, las generaciones que se quedan recibieron por 30, 40 o 50 millones un piso que en su día había costado a penas 5 – eso si no llegó a los 90 –. Está claro que quien se queda no lo hace en las mismas condiciones que en toda la historia anterior de la humanidad, por la deuda y el clima, claro, aunque sin embargo sí que lo hace con la conciencia más desarrollada. Lo denominan “la generación más preparada de la historia” y piropean así a la generación de “los jóvenes” “pasivos” para darles un alo de apariencia de desarrollo. Que no evolución. La evolución es otra cosa, nace de la adaptación al medio por la transformación de éste, si no, el ser humano estaría en una permanente estabilidad, y somos el elemento que provoca la inestabilidad en la naturaleza Demostrado. Objetivamente no parece que haya que pedir a “los jóvenes” más reivindicaciones a la manera de esos grandes paseos y manifestaciones del siglo XIX y XX. Hasta esa petición está llena de conformismo y autocomplacencia. Quien ha de señalar la iniciativa – que no es lo mismo que ser la vanguardia – e incluso guiar al viejo estilo gregario de los siglos pasados, debe ser precisamente la generación que admite el cambio del futuro y lo promueve, no una joven imponiéndolo a sus mayores. Eso solo volvería a traer otra Revolución Francesa de turno y se asociaría al famoso conflicto de autoridad de “los jóvenes”. Y responde en gran parte la pregunta de por qué esa falta de acción joven: es la posición natural de la generación más preparada tras tanto estudio de historias, descubrimientos y políticas.

Es de recibo pedir a quien se queda en este planeta que empiece por evolucionar, que empecemos, con todo el sentido etimológico de la palabra. Llevamos cinco, diez años en los que no se ha evolucionado en nada como humanidad mientras el medio en que nos movemos se hace cada vez más agresivo (planetario o sociopolítico). Se ha llegado a una estandarización de la autocomplacencia y de seguir el rollo hasta que esto reviente que no es nada proporcional al momento histórico que protagonizamos. A más decadencia climática, política y económica se reacciona con menos memoria y menos reflexión, como en una mala resaca. Irónica, voluntaria o involuntariamente parece que se aproveche lo último que queda, los últimos recursos antes del colapso. Mucho individualismo que desprende cierto egoísmo por ambas partes pero sobre todo autoengaño. Es una circunstancia extraordinaria que no tiene parangón – valga la redundancia – y sus protagonistas viven bajo el péndulo del pasado sin ver que el del futuro ha comenzado a hacer tictac. La situación es más grave de lo que parece pero por fin ha llegado al diálogo público y es algo de lo que conversamos. Aquí es de recibo decir que este no es un artículo personal ni malintencionado hacia particulares. Es un artículo a vuela pluma con la mejor de las intenciones, la crítica, esa joven percibida en muchos casos como la peor de las voluntades por su aparente descaro, claro. A nadie le agrada que hurguen en una herida encostrada aunque entenderán que es importante expender una serie de recibos. Estamos en la tesitura de querer trasladarlos o no en el tiempo. Recibí y conforme.


'Navarra' es el concepto superior a 'auzolan'

Artículo para el diario Orain. 23 de diciembre de 2017.

http://navarra.orain.eus/navarra-la-palabra-superior-auzolan-articulo-eneko-abal/

Segunda parte de la aportación al apelativo 'vascones' sobre las raíces etimológicas barg, bars, uar y vas

Aportes al apelativo "vascones". 'Navarra' es el concepto superior a 'auzolan'.


El anterior artículo anotaba que el pueblo de los barscones corresponde a la Baskunsa mencionada por los musulmanes de la zona de Sangüesa (Rocaforte), que toda la sociedad que hablaba y se comportaba como ellos era percibida y etiquetada como “vascona”, y que los denominados nabarri eran los que habían sido “vascones”. Y que las dos terminologías de barscunes y nabarri proceden de las raíces uar y nava además de que ambas están relacionadas con ur, agua en esta idiomática del Pirineo occidental.

Coca Tamame aseguró que bar es el sufijo celta barr, barg, berg, Francisco Villar que bar, var, uar es la raíz de bar-sk-on-es, y Untermann que la coincidencia entre barscones y “vascones” era casual para la Historia. Pero esto en el artículo anterior aparece como un mero desarrollo argumental para la conclusión conocida de que “vascones” es la palabra anterior de “navarros”. Aquí vamos a indagar de forma muy esquemática en esa raíz y qué nombres tuvieron sus sociedades antes de ser las conocidas nabarri.


Vaya por delante que los nabarri han sido tachados siempre de “vascones” en una herencia de etiqueta romana bastante peculiar. Que los wascones y los hispani wasconum son los de la zona franca en el río Garona y la falda pirenaica; que barscones y uarakos eran la moneda que Roma impuso en uno de estos zonales del Pirineo occidental; que casualmente la terminología barscones quedó asociada a “vascones” para la posteridad; y que todo esto ocurrió porque en resumida cuenta fue el sistema romano el que triunfaba y monopolizaba Europa, lo que llevó a la cultura del agua, a la navarra, a sufrir una gran cantidad de crisis en ese recorrido.


Pero la historia de esta cultura merece siempre otra vuelta de tuerca más por su propia idiosincrasia, y en este caso es porque no posee precisamente el carácter universalista que hoy vemos de forma clara en el sistema actual. De hecho era un antagónico de lo que acabó perpetuándose en esta geografía. Esta cultura era lo contrario de la universalidad, lo contrario de la etiqueta, el muy extrañamente denominado socialismo tribal. Para comentar sobre este término y sobre los pueblos organizados con esta extraña forma vamos a acudir a la figura de Auñamendi, la montaña que es hoy el Pic d’Anie en el Pirineo y, a través de ésta piedra singular de la historia pirenaica, describiremos su norte y sur a lo largo de la sociopolítica general desde el siglo II hasta el siglo VIII para ver cómo fueron estas comunidades hasta la llegada de Onneka y Enneko.


Siglos I, II y III: Gallia Aquitania al norte y civitas vasconum al sur


El norte es la región romana de Gallia Aquitania que pasará a denominarse Novempopulania en una de muchas reordenaciones. Señalan la zona como Aquitania en batallas desde el siglo I con César y porque más tarde en la reforma de Diocleciano del siglo III se le ingresó en la Novempopulania. El sur es la región romana de Tarraconense y en ella habitan los araquelitani que menciona Plinio en una batalla. Son varias poblaciones las que se citan en las clásicas civitas vasconum. Todos etiquetados como “vascones”.


Siglos IV y V: Aquitania, Sarasacio y Ruchonia y el Emporion


En el norte, tras el descontento por las reordenaciones que traían la migración y desaparición de tantos pueblos, Roma desaparece como centro. Aquitania se levanta como ducado entre otros de Europa y anotan haber recibido a dos duques de las montañas de Auñamendi (en realidad estaban certificando su alianza cultural para las próximas batallas como vamos a ver).


Los dos duques de las montañas que habían aparecido en la corte de Eudon de Aquitania se mueven al sur por su cultura, bien por el altar del Ebro o bien por su pastoreo ancestral de la Bárdena (por ejemplo). Allí se encuentran o son parte de los Bagaudas Aracellitani enfrentados al general Flavio Merobaudes. Un importante personaje que había vivido la decadencia romana con Juliano, Valentiniano I y II y con Graciano, y distinguido por su persecución contra los Bagaudas en general. Bagaudas fue una etiqueta de Roma para excusar a esas sociedades que se revolvían en el norte de la península ibérica en pleno colapso. En la excusa del 443 dC Merobaudes dice básicamente haber reconstruido la misma batalla de Plinio y derrotar a los Bacavdae Aracellitani, los Bagaudas alrededor del Araciel del Ebro. Dos décadas después, en la decretal de 465 dC, el Papa San Hilario describió una gran geografía autónoma del norte para instar a la centralidad tarraconense a que respete la demarcación cultural del Emporion del Ebro y a su obispo Silvano.


Siglos VI y VII: Aquitania y Gascuña y nabarri y pampilonenses


En el norte el ducado de Aquitania, los antiguos hispani wasconum, llevan generaciones sobreviviendo como ente en Europa y aparece un nuevo condado a su lado, el de los wasconum, el condado de Gascuña en el río Garona, un condado creado por Carlomagno en esa zona. Acontece una época de varias batallas contra él y otros afamados generales donde se juntaron en un mismo ejército los hispani wasconum a unos pampilonenses y nabarri que llegaron del propio Pirineo. Los nabarri eran los que anteriormente se presentaron en la corte del duque Eudon.


En el sur aparecen dos ducados de Sarasacio y Ruchonia que son los que al evolucionar se juntan como nabarri, también se narra a unos pampilonenses. Este apunte parece más bien empírico ya que está junto a otras denominaciones zonales y no políticas (“hispani wasconum, pampilonenses y nabarri”), con lo que puede superar la descripción geográfica del reino de Pamplona y señalar perfectamente una forma de vida pampilonense. En cualquier caso en la margen del Ebro se sufren numerosos enfrentamientos con la aparición y ejercicios de expansión de musulmanes y visígodos, ejemplificados en los personajes Banu Qasi, Abd al-Rahman o Leovigildo.


Éste último y sus descendientes visígodos empezaron a ser conquistados por la cultura de los Abd al-Rahman I, II y III precisamente mientras estaban en una batalla por esta zona del norte. Y se los llevaron literalmente por encima. La expansión de la cultura musulmana practicó con ellos un tiempo de conquista récord para la historia después del canto en el Sajrat Abbad del general Tariq en Cádiz. Fue un tiempo en el que las incursiones de Abd al-Rahman pasaban por esta zona del Pirineo para cantar en Sajrat Qais.


Hecho este resumen sólo hay que empezar a relacionar raíces y evoluciones para ver sus pocos y gruesos troncos. Para empezar por la más familiar al euskaro de hoy, la raíz ur se ve en forma uar en lugares como Uarayuarr sobre Aralar evolucionada al Baraibar de hoy, pasa de uar a bar, y poco más al norte lo que se llamó vartea es ahora uartea, lo cual describe que en la zona norte de Aralar, en Baztán, la terminación uar estuvo en var en esa zona, y en bar.


Haciendo el mismo ejercicio con lo que Coca Tamame señalaba como celtíberos sale que la moneda uarakos de los berones tiene la raíz uar y sin embargo estos son señalados celtíberos primero y después “vascones”. Esto hace preguntarse qué eran los berones si no la raíz berg del agua. Más cuando en la zona se mencionan unos bagaudas aracellitani que llegaban hasta la Bárdena del Ebro en el colapso del sistema romano. Eran las sociedades del tronco barg.


En el plano europeo ya había salido que los hispani wasconum fueron la raíz war más próxima a Hispania. Se conocieron primero como wascones los del condado de Gascuña, los gascones sobre el río Garona. Desde ese río hasta el Pirineo estuvo el ducado de Aquitania en una clara referencia al agua en aquae y a ani, agua y el pic de Anie o Auñamendi (que es como se traduce Pirineo en esa lengua). Aquitania es la traducción latina del concepto “navarra”: el agua y la montaña.


En resumida cuenta, la sociedad de comportamiento relacionado con el agua fue conocida en un principio como eso, la sociedad del agua. Un conjunto de comunidades en el Pirineo occidental que compartieron elementos estructurales donde el agua era protagonista, como la raíz ur en sus nombres, los altares de sus deidades o peculiaridades de su forma de vida. Cada una se sirvió de las otras como complementarias y necesarias cerrando un círculo civilizatorio que proyectó a la perfección la propiedad de dinamismo, comportándose como un gran auzolan cultural en torno al agua, como una nava a fin de cuentas: Navarra es el concepto superior a batzarre y auzolan.