Cibeles en el Araciel del Ebro y Silvano en la Aracaeli del Arakil

Artículo para el diario virtual "Orain". 4 de agosto de 2017. 
http://navarra.orain.eus/cibeles-araciel-del-ebro-silvano-la-aracaeli-del-arakil-texto-eneko-abal/

El artículo explica la relación de deidades y geografías que confirman en el “Informe Silbaniano” a los aracelitani de Plinio y su relación con los aracellitani del Arakil. El texto repasa el recorrido cronológico sobre los topónimos “Araciel” y “Aracaeli” hasta entrado el medievo. 

Cibeles en el Araciel del Ebro y Silvano en la Aracaeli del Arakil

Cuando Aníbal aparece en la geopolítica europea, Roma, que se ve amenazada, ve obligado consultar los Libros Sibilinos en el 205 aC. El oráculo de la Sibila de Cumas aconseja en esos momentos de incertidumbre llevar a Roma la piedra negra o betil que simbolizaba a Cibeles y su culto (que entonces no estaba entre los principales). No sería hasta el año 194 aC cuando se construye el templo del Palatino en la capital romana y su práctica religiosa, que era diferente a otras, se extiende por toda la geografía romana.

Cibeles decimos que tenía un culto diferente y es porque su práctica religiosa fue de las primeras religiones mistéricas que aparecían en Roma. Con este tipo de religiones, o mejor dicho gracias a ellas, se practicaron rituales que fueron el contrapeso institucional que necesitaba Roma a la llegada de Aníbal, Cartago y sus nuevas formas sociales. Está claro que la Sibila sabía muy bien qué hacer en caso de gran peligro para unas aspiraciones tan extensas, así que en este caso de 205 aC aconsejó sumar a los ritos que se practicaban, los cívicos, un “nuevo” tipo de religiosidad para aglutinar en torno a Roma a más sociedades. Son los ritos mistéricos.

La cuestión del adjetivo “mistérico” radica en que ese tipo de práctica religiosa tenía en el transcurso de la vida de cada persona y cada comunidad una serie de acontecimientos denominados “misterios”. Estas actuaciones en la vida servían como pruebas espirituales de aquel momento (siempre generalizando humildemente), y eran vivencias que el individuo estaba obligado a pasar y a menudo a no contar bajo pena incluso de muerte. Estamos hablando de grandes ayunos en comunidad durante días, de pruebas rituales sociales y demás escenas que cualquiera podemos imaginar.

Las que explican la relación entre Araciel, los Aracelitani de Plinio y la diosa Cibeles propuesta en el artículo de  “Graccurris, el Ebro y Cíbeles” son entre otros los misterios Eleusinos. Unos ritos que estuvieron presentes en la sociedad desde el siglo VII aC al menos (Himno de Deméter) y hasta que empieza la destrucción de templos por orden de Alarico en el 394 dC. Fueron al menos mil años.

Los aracelitani practicaban unos ritos religiosos por los que sufrieron pérdidas y batallas

Estos misterios también los componían las Dendroforias, las fiestas de Deméter, que consistían en llevar en procesión la figura de un árbol; concretamente y en el caso de esa diosa griega, un pino. En el caso de Cibeles y el topónimo Araciel podemos ver a pocos metros el “ontinar” o un “encinar” (este último declarado Monumento Natural e incomprensiblemente sin una de sus 3 encinas históricas ya que justo hace un año la declararon oficialmente seca).

Esto de sacar en procesión la figura de un árbol asociado a una divinidad también ocurría en otras religiones mistéricas que acompañaban a Cibeles en el oráculo, como las de Apolo o Silvano. Unos comportamientos que como vemos, realmente todos formaban parte de una misma religión. Básicamente lo característico era más bien la deidad y las formas de práctica religiosa para con ella, no tanto que todos los dioses tuvieran misterios y ritos iguales. Depende de si vivías en una montaña o en el plano, tenías una deidad u otra. Y dependiendo de qué deidad, unos misterios o otros. O no los tenías y practicabas ritos cívicos.

El caso que nos ocupa sobre los topónimos de Araciel y de Aracaeli propone la existencia de los aracelitani que Plinio describía en el entorno del Ebro. De ellos conocemos que protagonizaron batallas, que además con el tiempo son enmarcados como parte de esas comunidades denominadas bagaudas, y que fueron un importante y desconocido movimiento social en la caída del sistema romano.

Los aracelitani se movieron sobre el valle del río Arakil como aracellitani

Con los aracelitani de Plinio en el Ebro nos encontramos ante una sociedad que se comportaba en torno a una deidad que tenía un ara, un altar, y que ésta debió ser lo bastante famosa o prominente como para denominar a su comunidad “los del altar”. Era la madre de todas las aras, la de Cibeles.

Estos aracelitani del Ebro y del ara de Cibeles tenían sin lugar a dudas actitudes y comportamientos mistéricos, lo que les valió el apelativo mencionado y evidentemente su diferenciación frente al resto de comunidades. Tanto es así que en el 443 dC, Asturico o Merobaudes, generales hispanorromanos de la época, están en conflicto con unos bagaudas primero y unos aracellitani después. Estos últimos además sufrieron graves pérdidas en batallas como la de Araciel y también “cerca de Pamplona”. Más tarde y sobre la misma geografía, es conocido que en el Ebro existe un denominado “obispo Silvano de Calahorra” que cambió su sede a otra que estaba “vacante”, lo que provoca un gran conflicto.

Esta acción del obispo Silvano de cambiar a una sede vacante y otras afrentas contemporáneas las narra el propio Papa San Hilario en sus decretales de 465 dC. Describe el intercambio de quejas del organismo central de Zaragoza frente a Silvano y también las denuncias firmadas por el propio obispo Silvano por la gravedad de los acontecimientos. En ellas se describe esa queja por cambiar la sede de Calahorra a otra vacante sin permiso del remitente, Zaragoza, a lo que el Papa responde discutiendo a Zaragoza y argumentando que los nobles de Varea, Tricio, Herramélluri, Bribiesca, Tarazona, Cascante y Calahorra están junto al obispo Silvano.

Los aracellitani del río Arakil son denominados como Castro Silbaniano 

Del obispo Silvano tenemos pocos datos que reflejar a consecuencia de las leyes de desaparición de piedras y documentos tras la conquista. Lo poco que conocemos de él es que el sobrenombre “Silvano” no era su nombre propio y que, sin aparentemente relación, Lacarra, Arbeloa o Martín señalan un “Castro Silbaniano” en el Códice de Roda o los Anales de Pamplona.

Silvano, la deidad, de forma estricta, es un dios que podemos decir que está jerárquicamente “inferior”, “que está bajo”, aunque también “que es afluente” de Cibeles. Y no era solo una deidad, eran en realidad tres deidades a las cuales se les denominaba de forma conjunta como “silvani”. Estos 3 Silvanos eran: Silvanus sanctus sacer Larum (situado en la zona del monte propiamente llamado Aralar), Silvanus Salutaris (en la zona de Agurain), y Silvanus Orientalis (el de la zona de Irurzun y que contenía la histórica Sajrat Qais (en el monte Gaztelu). Juntos conforman un extenso Castro Silbaniano que era afluente de Cibeles a través del río Arakil que los escribas arábigos describieron como “río Argo”. Era el arako euskaro, el río de las aras.

Las cadenas de Navarra y la reivindicación histórica de su independencia

Artículo para el diario virtual "Orain". 15 de julio de 2017. 
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El artículo es un resumen del informe sobre “La Cadena o el Carbunclo Pomelado” en el que se exponen de forma crítica los acontecimientos históricos que dan lugar a la figura de las cadenas en el escudo de la actual Comunidad Foral de Navarra.

Las cadenas de Navarra y la reivindicación histórica de su independencia

No es una coincidencia que abunden en estos días charlas, artículos y demás explicaciones sobre Navarra, su bandera, la Batalla de las Navas de Tolosa de 1212 o la invasión de Navarra en 1512. En este mes de julio se cumplen 805 años de la Batalla de las Navas, 505 años de la conquista de Navarra, y 107 años de la presentación de la bandera con cadenas que aún vemos en su escudo oficial. 

Una conquista (la resumida en 1512) que no ocurrió durante un año o en un mes de julio; más bien se produjo durante un largo proceso de siglos, revueltas y disputas. En ese recorrido cronológico, la batalla de Úbeda de 1212 entre las navas arábigas y las europeas es uno de sus puntos de inflexión más conocidos y recordados. Aquella Batalla de las Navas de Tolosa se denomina en el lado árabe como la “batalla de la cuesta”, y de ella se cuenta hasta hoy que es la causa de que aparezcan unas cadenas en el escudo de Navarra (según la Ley de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra o LORAFNA). 

En la mencionada ley, se describe que las cadenas en el escudo de Navarra son las que se arrebataron “al rey moro Miramamolín el Verde, Al-Nasir” tras perder la contienda. Unas cadenas metálicas que rodeaban la tienda del general árabe, en una estudiadísima formación defensiva, como podemos imaginar. Unas cadenas que, con el tiempo, también describieron en sus documentos el Príncipe de Viana, Carlos; o que se referenciaron en el Privilegio de la Unión de Pamplona. Menciono ambos por ser posteriores a 1212, y por sacar a colación las referencias más típicas.

El asterisco de ocho brazos que fue el dios Sol Ekhi  

Sin embargo, hoy conocemos que, tras la batalla de las Navas de Tolosa, el escudo del Reino permaneció inalterado con otra figura, y no con unas cadenas. Dicho escudo anterior era una forma que la heráldica denomina carbunclo pomelado; dicho coloquialmente, un aspa de ocho brazos en oro y con remates. Un asterisco de 8 brazos, para entendernos, que no aparecía con cadenas. El escudo de Navarra (del cual nos centramos solo en su cruceta) guarda su definición estricta en el Libro de Armas del Reino de Navarra: “boca de medio punto, campo de tinta plana gules, el carbunclo cerrado, pomelado iluminado de oro y delineado de sable”Este asterisco o carbunclo ya se había descrito anteriormente, por ejemplo como “bucles d’or mier” en la Chanson de Roland. Y además añadiendo un “d’or est la bucle et de cristal listet”. Estas “bucles” son, en la idiomática romance del lado norte del Pirineo, las antecesoras del “carbunclo”. Más tarde pasan de “boucle” a “escarboucle”, y de “escarboucle” a “carbunclo” (denominado también, y para ampliar, “bloca radiada”).

Para dejar de lado la etimología: podemos decir que el carbunclo o “carbunco” fue una voz utilizada en la poética antigua para definir un objeto que “luce en la oscuridad como el carbón encendido”. Un objeto reluciente que, en la época, era llevado en el frontispicio del yelmo por las personalidades de algunos campos de batalla. Carbunclo fue la forma de denominar no solo al objeto que brillaba, sino también al conjunto completo, con sus brazos brillantes.

Otra referencia fundamental del aspa de ocho puntas aparece también en los propios escudos de la batalla, concretamente en su centro, que estaba protegido por un elemento en aspa radial a modo de sujeción y fortificación de la estructura en los golpes. Incluso la carlina acaulis o “Eguzkilore” es en sí misma una forma de aspa, una bloca radiada. “Eguzkilore”, la flor sol, es también un reflejo del dios Sol representado de forma mínima como un asterisco; un asterisco, una cruceta, que fue en la sociedad eúskara la diosa “Ekhi” ancestral, que aparece junto a su hermana luna en algunas estelas funerarias.

Las cadenas se ganaron por las armas

Pero antes de que Europa utilizara la heráldica y los escudos para distinguirse unos de otros, cada estado-nación se simbolizaba por el sello de su representante en los documentos oficiales. Una representación que hoy podemos ver en las típicas escenas de cine medieval, en ese típico anillo marcado sobre cera roja para dar validez a un escrito. Esos sellos fueron en su día la forma anterior de representar una sociedad. En nuestro caso de 1212 y las cadenas de Navarra, nos centraremos en los de antes y después de la batalla: el sello-incógnita del rey anterior a las Navas de Tolosa, Sancho VI el Sabio, y la admirada águila negra de Sancho VII el Fuerte, el rey navarro en aquella contienda. 


Sancho VI el Sabio (1150-1194) pudo ser, fue, denominado “Sabio” por unos logros en la reforma de la administración y la gobernación de Navarra. Y decimos bien: “gobernación”. Sancho el Sabio, hijo de Sancho el Restaurador, había heredado de su padre el objetivo de una reforma en Navarra. Esta reforma (siempre resumiendo de forma muy humilde toda una serie de circunstancias) tenía como objetivo ser reconocidos como reyes (Rex) en lugar de duques, que era como se les trataba en las macroinstituciones europeas de entonces. Es poco conocido que la Historia de Navarra y la de Europa en aquellos siglos estaba siendo inundada por una auténtica ola reformista en las leyes de todas sus sociedades. En aquel clima sociopolítico, las zonas cuyos representantes eran elegidos por su propia sociedad eran tratados como duques (repetimos que hablamos de forma genérica); es decir, no eran reyes porque no eran señalados por las instituciones imperiales, sino elegidos por su pueblo.

Era una crisis legal de su tiempo. Federico I “Barbarroja” ya había tenido problemas para aprobar sus “leyes de Roncaglia” en 1158; y, a rebufo de sus tensiones con la Iglesia, surgieron otras, como las de Sancho el Restaurador de Navarra, las de Sancho el Sabio o las de Sancho el Fuerte, que también las tuvo.

Estas tensiones de Navarra y sus duques-reyes concluyeron con el necesario entendimiento para llevar a cabo la Batalla de la Cuesta de 1212. Allí, la llegada de Sancho el Fuerte a la contienda supuso la narradísima victoria contra Miramamolín y los árabes y, según el biógrafo de Sancho VII, Luis del Campo, añadió el apodo de “el Fuerte” al representante de Navarra, llevándose las cadenas que había arrebatado al general “moro” en la disputa.

Las cadenas se convierten en el símbolo del reino

Dos siglos más tarde de la Batalla de la Cuesta, y en una situación de reivindicación regia más que comparable a las del Restaurador y las del Sabio, el Príncipe de Viana Carlos (“Karolus” o “K” en los documentos), amenazado su reinado, denunció las agresiones que sufría con una excepcional argumentación del reinado de Navarra: “Tomó el encadenado de los camellos y de las tiendas y conquistó las cadenas por armas”. En esta afirmación conocemos la explicación del encadenado defensivo y táctico de Miramamolín el Verde, que era utilizado en muchas contiendas arábigas, pero… ¿qué cadenas conquistaron por armas?

Una cadena no solo fue un grillete para esclavizar a alguien, ni unos eslabones más o menos bonitos que colgarse al cuello. “La cadena” también fue un lugar físico donde pagar un tributo. Fue, de hecho, un pago tras un lugar físico de la geografía. Y es una más de las toponimias históricas de Navarra que podemos añadir a otras como facerías, mugas o navas. “La cadena” fue un lugar físico que aún podemos ver hoy en multitud de topónimos cadena con el propio de “cadena”, en “calera” y en las decenas de acepciones euskaras con la raíz “kate-a”.

Efectivamente, es un lugar físico en el que se marcaba la entrada a una legalidad diferente y por ello se pagaba un tributo. Estos lugares (y para describir su geografía de forma descriptiva) tienen una narración similar a la cadena de Constantinopla, en el Cuerno de Oro del Estrecho del Bósforo. La antigua ciudad de Constantinopolis estuvo situada en un puntal geológico sobre el agua y, aunque su situación la hacía casi inexpugnable, se ingenió un resguardo de cadenas sobre el mar por uno de sus flancos marítimos. Eran cadenas soportadas por boyas flotantes que servían para delimitar y defender la bahía de Constantinopolis. Un sistema utilizado también en Sevilla, su Giralda y su Guadalquivir; utilizado también en el castillo de Graccurris (Castejón), su “giraldilla” y su Ebro. También en Tudela, Artajo, Mués, Urroz, Odieta, o los de Estella o Pamplona. 

Cada uno de los zonales toponímicos donde aparece una cadena desprende siempre características semejantes: el topónimo cadena brota en lugares estratégicos y de paso, generalmente en un embudo geológico. Así pues, estas características sugieren que las cadenas, la cadena en el escudo, era ese elemento físico y representativo de esas circunscripciones y tributos que Navarra y sus reyes reivindicaban independientes al resto.  

La cadena, símbolo reivindicativo de independencia

Pero en 1512 Navarra, su reinado y su territorio, fueron conquistadas “a sangre y fuego”. Las cadenas quedaron entonces divididas en tantos lados como tiene el Pirineo y, a partir de aquel momento, su luchadora monarquía siguió señalando a las cadenas de Navarra. Una de esas monarcas, Juana III de Albret, poco después de la conquista de Navarra y de que se ejecutaran las leyes de Cisneros para destruir piedras y documentos navarros, encargó a Joannes Leizarraga que imprimiera en lengua euskara un texto religioso: el Nuevo Testamento.

De aquel documento no solo se ha heredado una idiomática hasta hoy, sino que su portada dejó una contradicción en el escudo (o una reivindicación) que tras 500 años de violencia sobre Navarra es posible analizar sin tantos complejos.




Durante siglos, capiteles, frontispicios, escudos de esculturas, de monedas, grafías y hasta el texto de Juana III de Albret, mostraron de forma reiterada las cadenas en el escudo. En todo aquel tiempo aparecieron representaciones del escudo con las cadenas de su reino, aun cuando sabemos que la oficialidad del Libro de Armas del Reino de Navarra legalizaba un carbunclo pomelado, no unas cadenas. Las imágenes y representaciones de la cadena se proponen, pues, como una forma antiquísima de simbolizar la reivindicación de independencia de Navarra. Y datan, precisamente, de los siglos de las reformas del Restaurador y el Sabio. 

Tras la conquista y la reina Juana de Albret, llegó el siglo XVII, las revoluciones y la imposición de su racionalismo. La horquilla temporal de ese racionalismo, sus reinterpretaciones y sus consecuencias provocaron una aparente desaparición de toda simbología ancestral-natural, incluida la de las cadenas. Aunque sí que seguían mostrándose paradójicamente en los escudos de las monarquías que se las habían adueñado.

No fue hasta el siglo XIX, después de los enfrentamientos bélicos y sociopolíticos, cuando volvieron a aparecer en la oficialidad del territorio las cadenas. En aquel contexto, en las primeras décadas del siglo XX, la Diputación Foral de Navarra, un órgano que aún heredaba rasgos legales y normativos de hace siglos, encargaba una bandera y un escudo a un grupo de estudiosos: Julio Altadill, Hermilio de Olóriz y Arturo Campion. Es entonces cuando vuelve a brotar el aspa de ocho brazos que conocemos en el escudo de hoy: con las cadenas de su reivindicación histórica de independencia.

La cuenca del Bidasoa, cuna de los "nabarri"

Artículo para el diario virtual "Orain". 17 de junio de 2017. 
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Este artículo resume el informe sobre “Baztan o el Océano” en el que se describen los elementos estructurales de su sociedad en la horquilla temporal de los siglos IV, V, VI y VII, un sistema formado por numerosas fortalezas a lo largo de la vertiente hídrica del río Bidasoa pobladas por la sociedad “nabarri”.



La cuenca del Bidasoa fue cuna de los Nabarri

En general, el estado en que encontramos los restos arqueológicos y bibliográficos de Navarra es lamentable. Igual de digno de lamentar es el haber perdido su legalidad, sus formas legales de fuero,  desde el reino del siglo XV o bien desde la revolución del siglo XVII. En el caso de la sociedad que habitaba el río Bidasoa y su rastro altomedieval, al igual que con otros zonales euskaros, también es necesario emplear una metodología crítica para acercarnos al espacio vivido.

En el caso del río Bidasoa y de su Baztan es de recibo anotar desde la introducción algunos puntos necesarios a recordar. Primero que estamos probablemente ante el zonal más complejo de todos los mencionados en el listado de los 19 “vascones” que delimitaban Ptolomeo, Plinio o Antonino. Segundo: que es por su idiosincrasia el más característico de todos cuantos conmemoran la templanza histórica nabarra, ya que su sociedad aparece como los primeros nabarri conocidos. Y por último y como podemos imaginar por su gran extensión, es del que menos restos arqueológicos y bibliográficos tenemos en proporción con los del resto de la lista clásica. Una numeración de “vascones” en la que por cierto y de nuevo, se practicaba el extraño error metodológico de traducir el valle del Bidasoa con, simplemente, la ciudad de la desembocadura del río y los alrededores inmediatos, la Oiasso del los mapas e itinerarios. 

Incertidumbre sobre el valle de Oiasso y la vía romana hacia Pamplona

El error, común en muchas partes de la historiografía, sienta la base de otro al trasladarnos una  interpretación histórica en base a una percepción determinada, pero que poco tiene que ver con la realidad de aquel momento. La realidad histórica del valle del Bidasoa se había analizado con la metodología antigua y ha venido dando como resultado una contradictoria interpretación de los mapas y recorridos del viario altomedieval. En esta parte del Pirineo, si al norte de la Oiasso romana (Hondarribia-Irún) se extiende el viae atlántico, que era de reconocida reputación comercial en esta horquilla temporal; si al sur del valle del río que desemboca en Oiasso aparece el castro de los pampilonenses, que es el central de todos los que conforman la sociedad euskara; si el río de los pampilonenses desemboca en la Graccurris del “Emporion” comercial del Ebro; ¿es realmente posible que el valle del Bidasoa, Baztan y su conexión con los pampilonenses fuera un lugar de “no romanización” o “romanización tardía” o “bárbaros” o “sin civilizar”? ¿En contraposición a unas sociedades conocidas por la utilización de dos idiomáticas y con testimonios de sus interacciones político-sociales en el norte y en el sur? ¿Y cuando les observan cientos de tesis sobre su vanguardia en el desarrollo y convivencia de su lengua y su cultura? Todo esto sin mentar su amplia experiencia jurídica y democrática con sus sistemas legales de Nava y de Fuero.

Evidentemente, esta sociedad del río Bidasoa y sus afluentes tuvo en su seno un cuidado entramado viario. De este viae tenemos hoy algunos restos de calzada y algunos fuertes que las leyes de cisneros no acabaron por alcanzar. Este viae se propone como un viae militare que comunicaba estos mediombientes de Pamplona e Irún. En resumida cuenta, la calzada romana militare era uno de los muchos tipos de vía que existieron junto a otros. Este, al no ser el principal, el consulare, no figuró en los mapas clásicos. Esta calzada aparece totalmente parapetada y protegida por el estamento militar para salvaguardar los bienes y personas que circulan en ella. Un vial militar.

Las guías vigilantes de la calzada del Bidasoa

Pero el viae militare romano acabó huérfano tras la caída del Imperio y sin la autoridad imperial se sucedieron revoluciones y revueltas que fabricarían el mapa medieval europeo. En esa horquilla temporal es cuando este trazado, como el del “Emporion” del Ebro, se erige como una de las piedras angulares en la Historia de Navarra dando lugar a numerosísimos hechos que muestran de alguna manera su importancia.

En el norte del valle Bidasoa-Baztan, en la costa del Atlántico, podemos observar aún hoy parte del sistema de cabotaje que describían las decenas de torres-guía para la navegación. Jaizkibel, su monte en forma de pescado recostado sobre el Auñamendi (Pirineo), aún guarda restos arqueológicos de unos elementos estructurales que fueron también aplicados al viae terrestre, sobre todo en lugares como este entre montañas. Eran pequeñas fortalezas en los ángulos de visión más prominentes desde la calzada y el río que servían de guía, aunque también como protección interior del paso de los bienes por estos sinuosos trazados.

Y estas “guías de la calzada” no estaban solas. En los altos más prominentes y estratégicos se levantaba una fortificación para la comunicación de cualquier noticia de la calzada o para ese tramo de la calzada. Y dicho a vuela pluma, esta forma de defensa y comunicación es una herramienta de la sociedad humana muy poco valorada hasta la actualidad, tal vez debido a la visión historicista que se ha venido imponiendo de “la sociedad en los planos”.


El completo del valle del Bidasoa-Baztan alberga los elementos piedra (calzada), agua (río) y fuego (las fortificaciones-guía), lo cual describe un tipo de sociedad y de medioambiente geográfico con multitud de operacionales. Toda esa complejidad queda representada para esta nota en la entrada del Bidasoa pirenaico a Oiasso, donde aún podemos ver restos de fuertes y recorrer el angulado de la vía, perfectamente alineado al canon de las leyes constructivas de Roma y que fue en la época altomedieval rearmado para batallas como las de la Novempopulania, por señalar el más conocido de los acontecimientos en esta horquilla geográfica y cronológica.

Uno de los fundadores de Navarra

En este sentido y para finalizar, cuando en una contienda de Carlomagno aparecen unos nabarri junto a unos hispani wasconi y a unos pampilonenses es, con toda probabilidad, para denominar a los habitantes autóctonos de este Baztan y de otras geografías euskaras que participaban en ese momento histórico en aquellas batallas. La sociedad del Bidasoa, tras la ausencia de Roma y dado que son multitud de navas las que salpican sus territorios, son nominados con el gentilicio nabarri (de naba, de Nabia).

Apuntalando la descripción de la horquilla: Auñamendi y su Pirineo, desde el Garona hasta el Ebro, albergaron el brote del artefacto legal “nava” antes de extenderse y conformar el adverbio político “Navarra” junto a los hispani wasconi y los pampilonenses que aparecían en aquel momento. Así, la división que nos encontramos entre misma sociedad cultural que lucha en un mismo bando en batallas como la Novempopulania devuelve complicadas conclusiones.

En el lado ibérico del Pirineo, mientras tanto, señalan a un obispo y a un castro como silbanianos, o una batalla en la vieja aracaeli mansio como si hubiera acontecido contra los aracellitani. Incluso siguen los modos anteriores y transcriben como si fueran “vascones” a toda una sociedad euskara que, como hemos visto, comenzaba a “romancear” su idiomática para conocerse en ese momento como nabarri, pampilonenses o wascones. Este hecho mismo desprende que Europa ya conocía la pluralidad de la sociedad euskara y su “nabarridad” mientras la zona hispana seguía englobando como “vascones” o “bárbaros” o “sin civilizar”, a un compendio de pueblos que tenían su propia evolución e Historia con los señalados aracellitani, los poco conocidos Movimientos Bagaudas, o las batallas como la de Novempopulania. El detalle de negar una evolución social, esto es política y legalmente, es de por sí una copia de las formas sistémicas que habían sucumbido con el Imperio Romano. Y es algo que hoy parece estar muy en boga de nuevo.

Graccurris, el Ebro y Cibeles

Artículo para el diario virtual "Orain". 24 de mayo de 2017. 
http://navarra.orain.eus/graccurris-ebro-cibeles-articulo-eneko-abal/

El artículo expone de forma resumida los diversos elementos estructurales de la “Graccurris” romana, estudiados en el informe de “Grakurria o la Clabularia”; y narra su presencia en la geografía y en los siglos anteriores a la formación del Reino de Navarra.


Graccurris, el Ebro y Cibeles

El nombre del mes actual es Mayo, de Maia, la diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. En estos días primaverales se celebraban las fiestas para festejar el renacer de la vida y este era su mes de clausura.
Era un mes, una luna, que seguía a otros con una serie de deidades naturales relacionadas con la vida y la naturaleza. Los seres humanos que habitaban la tierra en ese momento se llenaban de felicidad al sentir de nuevo la bendición de unas buenas cosechas al ver el brote de la belleza natural y sus primeros frutos.
A consecuencia de ello organizaban carreras, ofrendas y grandes comidas que daban por finalizada la temporada de siembra y brote que conmemoraban las diosas Cibeles, Ceres o Maia.

En este mes primaveral merece la pena llevar a cabo un análisis crítico de la geografía del río Alhama y su desembocadura en el Ebro; donde se ubicaba la civitas romana de Graccurris, cimiento de la Nava pirenaica y principal asentamiento de entre las capitalidades del Reino de Navarra que nacería siglos más tarde.

Esta civitas estrictamente (en lugar de “valle”) fue el lugar que fundó Sempronio Gracco en la calzada que unió Asturica Augusta (Astorga) con Caesar Augusta (Zaragoza), concretamente en el año 179 aC.
Graccurris pasaría a ser Grakurria cuando Roma dejó su gestión a la sociedad euskara, pasando después a pertenecer al conventus iuridicus de Zaragoza, donde según los hechos bibliográficos supuso muchos problemas de administración. Se puede destacar que acuñó moneda al igual que sus compañeras del Ebro Kalakorikos, Kaiskata o Barskunes, por mentar algunas de ellas.

Una de las sociedades del “Emporion” del Ebro

Hasta aquí la información trasladada de forma genérica. Realmente no solo fue una ciudad en la calzada ya que adquirió el rango de municipium bien pronto. Era una civitas conformada por los actuales Corella, Castejón, Cintruénigo, Fitero y Alfaro como capital en la calzada. Su límite con Calahorra estaba sobre Rincón de Soto; y el de Cascante, en Tudela.

Fue una franja del Ebro que tuvo un claro carácter de liderazgo militar y comercial a lo largo de muchos siglos, conformando el denominado “Emporion” de la antigüedad, una federación comercial y administrativa de las ciudades del Ebro Norte.

Estaba apuntado que la pertenencia de Graccurris al convento de Zaragoza había ocasionado problemas. Esto es, por decirlo de una manera coloquial, por su pertenencia al “estado” de Zaragoza en y tras la caída de Roma. Esos problemas fueron causa de batallas como las de los “bagaudas”, una sociedad asentada en el entorno del Ebro e importantísima para el devenir socio-político del momento en la caída del Imperio.
La sociedad del Alhama acabó por moverse río arriba, presumiblemente tras éstas tiranteces del momento, y recibiría décadas más tarde las mismas acusaciones, presiones y batallas como las de los aracelitani en el entorno de la Aracaeli mansio del río Arakil.

El traslado social y cronológico de bagaudas a aracelitani se explica mucho más allá de las afrentas entre Zaragoza y el Ebro superior con las decretales del Papa en 465 dC., donde podemos leer desde la numeración de ciudades del “Emporion” hasta las disputas y riñas entre administraciones.

La mediación del Papa con Zaragoza 

Las decretales narran que Calahorra, lindante con Graccurris, tuvo un obispo que es el que parece la causa última de estas afrentas y de la posterior mediación del propio Papa.

Este obispo es llamado Silvano y es el que acaba por asentarse en aquel territorio del Arakil, el denominado Castro Silbaniano; pero es sabido que ese fue su nombre como obispo y no su nombre personal. Sus inquietudes silbanianas en esa primera época de imposiciones religiosas del clero provocaron tensiones y mediaciones que son en gran parte la razón de muchas de las problemáticas que aún hoy padecemos sobre la Historia de esta parte de Europa.

Pero como ya sabemos, Graccurris la fundó Gracco, lo cual quiere decir que hubo que batallar para levantar el tropheum con el que hacer el acto de “fundación” (para resumir la explicación).
El nombre anterior del valle es señalado como Ilurcis y es el zonal que guarda la desembocadura en el Ebro de los ríos Alhama por un lado y Arga-Aragón por el otro. Su situación estratégica y de paso más corto al plano del Duero sirvió para que el general romano Sertorio la utilizara como base de operaciones “Castra Aelia”, como “nava” en su conquista de Contrebia Leucade (la ciudad que guardaba el paso más corto al plano peninsular y a Numancia desde el importantísimo viae del Ebro).

Estas grandes compañías y ejércitos que pasaban por el viae no solo lo hicieron en este momento puntual, lo hicieron de forma continuada durante siglos. Al paso del tiempo, bien como causa o bien como consecuencia, quién sabe, fue un tramo de viarios que albergó el “Emporion” comercial de la Tarraconense que bendecía el propio Papa en sus decretales.

Esta claro que en Zaragoza, conocedores incluso visualmente de las excelencias de este entramado militar y comercial, parecían estar preocupados por algo mucho más trascendental para ellos.

Los restos de la Graccurris romana

En este zonal existen comentarios históricos acerca de una época en la que muchas personas se acercaban hasta aquí, paleta en mano, para tratar de encontrar ciertos tesorillos de los que se oía hablar. Se llegaron a horadar superficies completas con el fin de encontrar algún bien precioso; aunque entre los habitantes del zonal siempre se dice que no encontraban nada. Buscaban los denominados tesorillos, elementos valiosos de aquella antiquísima sociedad estamental religioso-militar.

El hecho de escarbar con paleta y bibliográficamente en determinados lugares de Graccurris y no en otros se puede describir de forma rápida de la siguiente manera: las tropas que pasaban por este lugar tuvieron en Araciel una parada obligada.

Bien fuera para pasar al Duero, bien para cruzar el Pirineo o bien para llegar al océano Atlántico, las personas pasaban irremediablemente por este lugar. Este topónimo Araciel referencia a un despoblado en la medianía entre Alfaro con Corella y guarda dentro algunos restos abandonados de sumarísima importancia en la Historia.

Araciel está junto a la calzada romana que une la Graccurris mansio de Alfaro y la urbanización del Villae [in] Coelia (Corella). Araciel y su medioambiente operacional, es el lugar que guardaba un altar mayor o ara coelia en el que rogar por los negocios, las luchas y los viajes en general.
Un altar dedicado a una de esas diosas primaverales, era el ara cibelia. El altar de la diosa Cibeles.

Araciel en la actualidad
Un territorio en el Ebro consagrado a la diosa Cibeles

Cibeles es una de las tres deidades principales tras las equivalencias y sincretismos alto medievales de la fertilidad o la belleza. Es la dama del carro en la vía con su melena al viento simulando la contención del caos entre su pelo.

Y es también la diosa barquera Nabia de la antigüedad; antes de los sincretismos y demás equivalencias religiosas de la época. La sociedad, para agasajarla, la paseaba en forma de busto sobre un carro de plata en una procesión a lo largo del recorrido del “pomerium”, el aro consagrado con centro en el altar de la deidad, en Araciel.

Finalmente y de forma resumida, los elementos estructurales del castro grakurritano son (además de su entramado viario) la parada de Alfaro mencionada como Graccurris mansio, el altar central en Araciel y la villa que lo mantiene en Corella; una base de operaciones con su topónimo nava en la Castra Aelia de Sertorio que comunica el río Duero en Fitero-Cintruénigo; y los limes de Rincón de Soto al norte y de Tudela al sur.

Todo lo cual concluye que el nodo del castellum de Castejón es por su situación uno de los baluartes principales de la antigüedad junto con Araciel, ambos dentro de un medioambiente operacional bendecido por Cibeles y el aro sagrado que protege sus campos, bosques y aguas.

Mazas y Catapultas

Artículo para el diario virtual "Orain"sobre el error metodológico en el estudio de la Historia y su llegada al siglo XXI. 11 de mayo de 2017.
http://navarra.orain.eus/mazas-catapultas-articulo-eneko-abal/



Decía el profesor de Geografía José Luis Vara Muñoz, que el espacio subjetivo es el espacio vivido. Es una de esas afirmaciones que junto a otras está hoy en el frontispicio de muchos estudios e investigaciones de toda Europa, aunque parece no haber llegado con suficiente rotundidad y claridad a Navarra y su circunstancia.  

Cuando hoy dibujamos el relato del ayer histórico y geográfico delimitamos colores, fronteras y nombres en base a una necesidad propia de nuestra conciencia: para querer entenderla necesitamos acoplar las acciones y mapas del ayer como si estuvieran ocurriendo hoy, por decirlo llanamente. Algo así como imaginar una vía romana o un camino medieval como si fueran autovías o carreteras de hoy. Este instrumento con el que formamos nuestra percepción de un lugar o una circunstancia es lo que se denomina “mapa mental”, y es un ejercicio cerebral que ocurre en segundo plano cuando pensamos, leemos o vemos una serie, por poner algunos ejemplos. En la serie, para acabar de definir esta cosa de la psique humana, es el propio guión quien nos ha ido introduciendo en la forma de pensar de ese argumento y es entonces cuando a partir de él elaboramos nuestros análisis y sentimientos, por muy corruptos o impasibles que sean sus personajes.

Esto ocurre y ha ocurrido desde siempre en el ser humano. Las historias de César y Augusto, las del Medievo o las de estos siglos recientemente pasados, también son mapas que están siendo analizados de forma crítica en muchas facultades y estudios del planeta, y van conformando una nueva y actualizada percepción del pasado. Pues bien, con una visión menos sesgada por los acontecimientos de épocas anteriores, este siglo XXI comienza a desprender conclusiones más abiertas y desinhibidas de lo acontecido en el pasado histórico y su análisis.

Siguiendo con los ejemplos. Hasta hoy hemos identificado nuestro “mapa mental” de Grakurria (Graccurris) con un reducto de tan sólo unos pocos kilómetros cuadrados en el Ebro; básicamente el núcleo de población de Alfaro en La Rioja. También se definió Muskaria como Arguedas, Andelos con Mendigorría, y se hablaba de Pompaelo como la ciudad actual de Pamplona. Aunque reducir hoy tales demarcaciones parece ser un graso error de inicio para una síntesis, porque realmente cuando Roma define Calagurris Nassica Iulia (Calahorra o Kalakorikos en su rastro monetario) no solo comprende la ciudad del Ebro que imaginamos hoy, sino todo su derredor o “ager”, que es con el que subsiste y comercia la ciudad. Además en él intervienen villas y otros tipos de núcleos de población que son parte de esa “ciudad”. Es la “civitas” romana, estrictamente y para acabar por cumplir el párrafo: no solo el urbe principal, también todo su entramado anexo.

Caer en la trampa lleva al "error histórico" 

Este detalle de establecer líneas y fronteras puede parecer minúsculo pero es de gran relevancia si se utiliza como herramienta para confrontar muchos de los “errores históricos” con los que nos han contado la Historia hasta hoy. Este error es lo que se denomina una causa última, un problema principal que da origen a muchos otros. Y esta causa última nos ha dejado la consecuencia de muchas investigaciones de hoy denominando aquellas épocas como “panfletos publicitarios de la antigüedad”. Para superar este estadio de la humanidad se utiliza en algunas escuelas la metodología crítica, que analiza de forma integral los contextos históricos y que se imparte en algunas facultades pero no en otras. En el caso de Navarra, como no podía ser de otra manera, también averiguamos relatos y metodologías que es interesante actualizar con las herramientas de las que hoy disponemos.

Recientemente se han cumplido una serie de acontecimientos relacionados con la geografía del comportamiento y la percepción de Navarra que es preciso comentar. Concretamente, la asociación cultural Doble12 realiza unas charlas interpretadas por el profesor de la Universidad de Navarra, Javier Andreu Pintado, en las que se realizan afirmaciones del tipo “el euskera nunca se habló en la Ribera y solo era usado por campesinos”. Además de tales acontecimientos, el Diario de Navarra publicaba un artículo de Javier Martínez de Aguirre en el que seguía rememorando la interpretación historicista de las cadenas en la bandera de Navarra, eso sí, con algunos apuntes nuevos para hacerla más atractiva. Para ello, incluso este reducto asociacionista ha llamado a manifestarse por una bandera de Navarra de la que poco o muy poco se conoce de ella o de su idiosincrasia.

Todo esto ocurre, no lo olvidemos, mientras la sociedad del siglo XXI viaja, trabaja en el extranjero o experimenta el intercambio de ideas y metodologías entre cátedras y geografías. Ya sea de forma personal o virtual, el intercambio brota pero no parece querer asentarse o ser asentado en Navarra (por cualquiera de las razones que sean); y es necesario apuntar que también ocurre en el momento más trascendental de la Historia de Navarra de los últimos siglos. Sin querer mencionar todas las agresiones a la legalidad Foral acontecidas en los últimos años, en opinión de quien suscribe este artículo, todos estos hechos sugieren una explicación metodológica pero, al serlo histórico-social, también decanta rasgos políticos que es necesario advertir.

De forma muy esquemática, la profesora Mari Mar Larraza, de la misma Universidad de Navarra y en una charla sobre el anterior momento crítico de Navarra (la “Protesta Foral de 1893”, Huarte, Diciembre 2016), nos ofrecía por fin de forma pública algunas pistas de cuál era otra de las causas últimas de estos rasgos. La titular de Historia Contemporánea abría la puerta de un fenómeno poco conocido hoy en día, casi un tabú el de la guerra entre el sistema racionalista-capitalista y el naturalista-comunitario. Un tabú, abordado tras 500 años en Navarra, el cual deja una reflexión que podríamos abreviar así: es necesario hacer un ejercicio de autocrítica y congratularse por tener personas que ejerzan de forma valiente y templada el conocimiento de nuestra Historia, ya sea desde la sociedad o desde instituciones con metodologías tan antiguas.

Mazazos metodológicos

Vivimos un momento de inflexión en Navarra que no ha sido el único en su recorrido temporal, como bien señalaba la profesora en su análisis de diciembre. Las anteriores luchas de liberales y carlistas y casi la generalidad de las acontecidas en el territorio pirenaico occidental, no eran sino la herencia de una lucha ancestral (en términos de legalidad) que se remonta al propio imperio de ley de Roma y de los visígodos después. La lucha de dos sistemas, uno individualista y otro comunitario, el racionalista “superdopado” de hoy, y los extintos sistemas naturalistas del ayer. Y esta guerra también tuvo su versión con la cultura árabe. Las lenguas arábigas o euskaras, estas últimas negadas por el profesor Andreu Pintado en la Ribera, llevaban aparejada una legalidad prelatina, con lo que parece arriesgado seguir afirmando que núcleos como Kalakorikos, Grakurria o Kaiskata nunca la practicaron. Y esto sin querer meter en la particular división de “Ribera” a Bardena o a Muskaria, donde es claro el continuo traslado histórico de personas y familias con el Roncal.

Este artículo quiere denunciar precisamente este tipo de mazazos metodológicos con los que se sigue martilleando a la sociedad navarra. Mientras en otras parcelas europeas y planetarias se ha modernizado el estudio e investigación histórica, aquí mantenemos un carácter decimonónico no sólo en nuestra enseñanza y conocimiento sino que como decía al principio, ello provoca una alteración del espacio subjetivo. Alguien nos lo ha manipulado y sigue catapultando su manipulación a lo largo del tiempo.

La vieja lucha ancestral entre las legalidades y lenguas prelatinas sigue vigente más que nunca cuando vemos este sistema capitalista abocado a un desastre inminente. Y tal vez sea por esto por lo que sufrimos esa necesidad de seguir politizando la Historia de Navarra. Se consiguió perpetuar un sistema hasta hoy gracias a la conquista y la homogeneidad aparente que la historiografía nos trasladó con Cesar y Augusto, Leovigildo, los Reyes Católicos y sus conquistas, o las luchas del Racionalismo y el Liberalismo en siglos de revoluciones (cronológicamente y de forma genérica). Todas estas batallas en el tiempo conforman, como referenciaba la profesora Larraza, una guerra ancestral en el mundo y concretamente y de forma muy violenta en Europa: la del racionalismo contra el naturalismo, la del paternalismo y la ley impuesta contra el matriarcalismo y la costumbre hecha fuero.

Evidentemente son terminologías que el propio sistema que vivimos hoy en día nos hace identificar como raras y poco conocidas. Más cuando se suprimen asignaturas de Literatura o Filosofía en la Educación Básica. Se ha conseguido trasladar términos como “fuero” como “matriarcalismo” o como “racionalismo” de forma tan abstracta que el mapa mental que tenemos de ello permanece lejano, confuso. Es la subjetividad del espacio vivido que pretenden hacernos vivir de nuevo. Y está en nuestra mano acercarnos de forma radical a esta guerra entre un sistema en decadencia y otros que fueron tapados con mucha fantasía o directamente exterminados para su conquista.
 

Sajrat Qais, la fortaleza que impresionó a los árabes

Artículo para el diario virtual "Orain". 7 de abril de 2017. 
http://navarra.orain.eus/sajrat-qais-la-fortaleza-pirenaica-impresiono-los-arabes-articulo-eneko-abal/


El artículo resume el informe de "Sajrat Qais o el Castro Silbaniano", que localiza la fortaleza pirenaica de los escritos árabes y ahonda en la descripción del entramado geográfico al que pertenece el propio fuerte en el mapa histórico-geográfico de Navarra.

La explicación de Sajrat Qais
 
“Sajrat Qais” es un apunte en escritos árabes históricos, que narran una construcción fortificada de la geografía histórica del Pirineo occidental. Textualmente la localizan a orillas del río “Argo”, lindante a Pamplona, y los escritos reflejan que fue una fortaleza muy querida por su sociedad y con gran fama entre los alrededores; cualidades que le merecieron ampliaciones, refuerzos y rediseños entre otros de Sancho Garcés en 924 dC.

El río que señalan, el Argo, en la antigüedad era el actual Arakil, mientras el río Arga de hoy tuvo en su día el nombre de Runa en Pamplona. Dicho esto, situar el fuerte de “Sajrat Qais” en un mapa parecía complicado a partir de estas pocas instrucciones.

Desde la Geografía del Comportamiento

Para ampliar esta información, o mejor dicho, para desarrollar una descripción histórica radical de este lugar, se desarrolla hoy una metodología que supera la descripción arqueológica e historiográfica que teníamos heredada. Tras siglos de esas viejas metodologías, brota la posibilidad de ofrecer una explicación integral de un medioambiente geográfico a través de la Geografía del Comportamiento y la Percepción. Este trabajo, aplicado a Navarra, formula una ilustración más nítida de sus acontecimientos temporales y geográficos.


No obstante el apunte de Jimeno Jurío, por mencionar el rastro de “Sajrat Qais” más señalado (el castellum de Garaño en la vieja calzada hacia Orarregi), la fortificación tiene más que ver con el valle del Arakil en Uharte que con el Arakil que transcurre por Pamplona. Sobre ese río, y entre las geologías de Aralar y Urbasa, existe un medioambiente geográfico mencionado en algún momento como “Castro Silbaniano”. Es un zonal de los Pirineos que tiene un turístico pasado humano y que geográficamente se encuentra justo antes del plano del Ebro, antes de desembocar en el Arga. Esto es, lindante al valle de los pampilonenses.

El recinto del río Arakil es incluso más grande que el del castro de la Ulaña en Burgos, pero con unas características inversas: mientras uno es un plano elevado sobre unos muros geológicos de más de 1100 metros de altura, el silbaniano conforma una cuenca rodeada por los dos muros geológicos de Aralar y Urbasa y sus respectivas cordilleras.

La calzada romana en Uharte Arakil

Toda la superficie estuvo cruzada, de este a oeste, por la calzada romana que tiene en los alrededores de Uharte-Arakil la Aracaeli mansio narrada en los Itinerarios Antoninos, una de las muchas guías de viaje en Roma y del alto medievo. En esta plaza natural y entre los porqués de las toponimias y etimologías, se desprende que esta parte del viario es “silbaniana” porque está consagrada al dios Silvano de la madera, agricultura y los bosques (generalizando siempre de forma muy humilde). Esta deidad es concretamente “el Basajaun” de la cultura euskara; y tiene su altar mayor (denominado en latín “ara”) en el entorno de la falda y pico de Ihurbain, de casi 1500 metros de altitud. Una vertical que guarda la “brecha de Ihurbain”, el perfecto reflejo del golpe que José Miguel de Barandiarán cuenta que algunas deidades dieron en la tierra en esta parte del Pirineo.

De hecho, el Castro Silbaniano también figura relacionado con un dirigente de la Iglesia denominado Silvano. Una persona que llegaba aquí tras algunas discusiones institucionales con Zaragoza en su residencia anterior de Calahorra y en las que acabó por intervenir el Papa de Roma a través de unas decretales. Sin entrar en aquellos acontecimientos, ya que merecerían de por sí un comentario completo, es reseñable que la persona de Silvano no llevaba ese nombre propio y que traslada su residencia a un lugar que hasta ese momento había aparecido relacionado con Aracaeli (Uharte-Arakil), una circunscripción del camino romano cuya denominación era aracaeli mansio, “la parada del ara”, “la parada del altar”

En concreto se refiere al altar físico que es el ara y que es a su vez centro de un pomerium, el aro sagrado y también consagrado en toda su extensión a la deidad que lo regenta. En el entorno de esta parada del itinerario aparecen toponimias y etimologías como la de Aralar, Zamartze o Alfaro que describen de forma nítida el carácter sagrado de este medioambiente operacional dentro del Castro Silbaniano. Pero no solo son éstas las referencias que hablan de su importancia histórica. La parcela aparece como silbaniana en algunas batallas y contiendas a lo largo de aproximadamente doscientos años para más tarde ser la protagonista principal en la “batalla de araceli” con los “aracellitani”. Después es cuando los árabes mencionan la localización de “Sajrat Qais” sobre el río “Argo” y lindante a Pamplona; aunque no es propiamente toda la extensión del Castro Silbaniano sino una de las partes tras las atomizaciones y generalizaciones de los cambios sociales de la caída del Imperio.

Una primitiva y extensa ciudad, desmembrada

Lo que había sido primeramente una ciudad estado al más puro estilo griego, el Castro Silbaniano, fue desmembrándose en tres espacios: una primera parte fronteriza con los castros alaveses al oeste (la actual Burunda, podríamos generalizar); la central del ara silbaniana y su pomerium (la extensa planicie bajo Ihurbain); y la tercera, que corresponde a la unión de los ríos Arakil y Larraun, que es la que linda con Pamplona. Este último medioambiente operacional es extremadamente complejo y es el que guarda a “Sajrat Qais”. Se trata de un nudo hídrico y geológico en el que interviene una unión de ríos, otra unión de calzadas y dos muros geológicos en el norte y en el sur. Es una complejidad geológica casi que dispuesta en figura de dos círculos concéntricos que son los que fueron aprovechados para levantar fortalezas como la de Aixita o Erga en el muro norte. De la que concierne a este resumen, Sajrat Qais, Orarregi, solo tenemos algunos cimientos incrustados en el propio monte Gaztelu, una geología que forma parte del parapeto montañoso que linda con el castro de los pampilonenses, tal como decían los escribas árabes.


Para describir este hito puntual es necesario acudir a la metodología crítica y practicar un ejercicio de trabajo sobre la toponimia del acceso al castro por este lado pamplonés (que además es el utilizado por las aceifas norteafricanas). En este afán brota el punto toponímico sargaitz como el más relevante y descriptivo. Y es en este espacio donde se ve el topónimo con algunas variantes lingüísticas que señalan de forma recurrente el adjetivo euskaro para este operacional tan defendido: el acceso difícil, sar gaitz.

Un fuerte singular y gran método de comunicación

A consecuencia del análisis crítico del escenario toponímico y al levantar el entramado viario de acceso al castro por el lado pampilonense, se describen tres vías: una en el viae que une Irurzun con Sarasate-Sarasa, otra calzada con la mansio de Atondo o Alantone por el paso del Arakil en Oskia, y la tercera, la recorrida por las aceifas árabes en su bajada hacia el Ebro tras la destrucción del monte que está sobre el río Argo, Gaztelu, y su fuerte, Orarregui o “Sajrat Qais”. Una construcción visible a decenas de kilómetros en su derredor.


Este fuerte es por su singularidad un gran método de comunicación visual y acústica. Cuando los escribas árabes describen “Sajrat Qais”, no es descabellado señalar que lo hacen para remarcar un hecho inadvertido para el historicismo europeo y que a la vez fue fundamental en el mapa mental de la sociedad de aquellos escribas: apuntar la ambición por sustituir el sonido de la campana de Orarregui de Sancho Garcés por un alminar desde el que convocar a la oración ( صلاة salat). Y no uno cualquiera. Este era el que cerraba la península Ibérica abierta por el alminar de Sajrat Abbad en Cádiz cuando desembarcó el general Tarik. Aunque aquí, en Sajrat Qais, finalmente y tras recorrer la península, el almuédano podía dirigir su canto a una Pampilona conquistada y protagonizar un evento único: transmitir un mensaje con el eco del Pirineo a sus cuencas y a Europa.

Sin duda, el deseo de Abd al-Rahman cuando pasaba por este lugar no era tanto a consecuencia de las tensiones propias del momento en la geografía, que también, era además una impresionante estrategia de marketing antiquísimo frente a Europa: hacer cantar como Sajrat Qais al Silvano de Orarregui. O dicho brevemente y con el gran logro de batalla que mereció los apuntes “Sajrat Qais” de Ibn al-Atir o Ibn Hayyan sobre el Gaztelu: la península está cerrada, el acceso a Europa está libre, y se ha notificado.

Sajrat Qais, por tanto, en el monte Gaztelu, era ambicionado como alminar de convocatoria de la oración de los árabes. Un lugar desde el que decir a Europa que toda la península era ya suya, resonando su mensaje por todo el Pirineo.